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Despertando de las Guerras del Opio

 

La Historia Humana Obedece la Ley del Equilibrio
 
 
Carlos Cardoso Aveline
 
 
 
 
 
Se está librando en nuestro siglo una especie de guerra psicoactiva contra la lucidez y el sentido común de la mente humana.
 
El fenómeno surge como un boomerang kármico. Parece ser en parte una vuelta en espiral de las Guerras del Opio del siglo XIX, cuando Inglaterra, la principal potencia occidental en la época, impuso sobre China el uso intensivo de opio.
 
Sí. Ese país profundamente cristiano, la tierra de Shakespeare y Dickens, lugar de nacimiento de tantos pensadores éticos, usó el opio como arma sucia para destruir moralmente a la población china y así dominar a su país.
 
La primera Guerra del Opio ocurrió en 1839-1842. En la segunda guerra del Opio, durante los años 1850, Inglaterra contó con la ayuda de Francia para otra vez derrotar militarmente a China. De este modo, los dos países sinceramente cristianos garantizaron la destrucción ética de la nación china y tanto el tráfico de drogas como la explotación colonial pudieron continuar según lo deseado. El consumo y el tráfico de drogas impuestos a China eran llamados “libre comercio”.
 
Tarde o temprano, de un modo u otro, todo lo que se siembra debe ser cosechado. La ley de causa y efecto, que garantiza el castigo y la recompensa, se explica en el capítulo siete del Deuteronomio y en varias otras escrituras - judías, cristianas y orientales.
 
En el siglo XXI, el Occidente parece ser el blanco prioritario de una guerra contra la lucidez de sus habitantes. Mientras tanto, la influencia de China sobre los asuntos internacionales y sobre la economía occidental crece constantemente, a menudo de maneras misteriosas e indirectas, lo que se armoniza con el tradicional estilo asiático. 
 
En la civilización occidental, ampliamente cristiana, el uso intensivo de bebidas alcohólicas se suma a un consumo creciente de marihuana y otras sustancias psicoactivas.
 
A esto debemos añadir los intensos efectos psicológicos de los mecanismos de propaganda política y comercial a gran escala, y la vasta cantidad de desinformación producida por las empresas de periodismo convencional.
 
Hay varios órdenes de factores que roban al ciudadano su sentido común y perjudican su capacidad natural de pensar de manera correcta.
 
Una parte significativa de la población humana sufre de una esclavitud al mundo de los instintos, permaneciendo dominada por impulsos animales. Muchos individuos con talento son prisioneros de la costumbre de soñar despiertos y mantienen sus conciencias desligadas de la realidad. Miles de personas se dedican a especulaciones pseudo-intelectuales. Millones de ciudadanos practican devaneos espiritualistas sin utilidad práctica, o adoptan creencias religiosas sostenidas por la fe ciega y el fanatismo, de las cuales hay un gran número de variedades.
 
Diversas formas de “Psicología” basadas en el egoísmo redujeron la influencia de las escuelas éticas de pensamiento psicológico y psicoterapia, entre ellas las creadas por Sigmund Freud, Alfred Adler, Erich Fromm, Karen Horney, Rollo May y Viktor Frankl.
 
Como consecuencia de la negación del alma espiritual y de la exaltación del egocentrismo, las enfermedades del alma como la depresión psicológica y otras formas de sufrimiento emocional son hoy epidémicas. Este hecho, a su vez, se ha convertido en una excusa para que una psiquiatría mecanicista pueda intoxicar químicamente a millones de personas, recetando “remedios” psicoactivos que apuntan a controlar el cerebro y transforman a seres humanos en ejemplos lamentables de personas robotizadas.
 
Este pasajero, pero doloroso proceso de desesperación del alma es en gran parte involuntario, y para muchos invisible. El fenómeno es provocado predominantemente de buena fe. Ocurre por falta de discernimiento, y está vinculado a la adoración del dinero y las posesiones materiales.
 
Cientos de formas de ignorancia espiritual se extienden como intentos infantiles de evitar el progreso moral de la humanidad, gracias al cual ella alcanzará los niveles de evolución en que predomina la autorresponsabilidad.
 
Esta tendencia negativa induce a los ciudadanos a una derrota silenciosa en sus propias almas y amenaza con destruirlos psicológicamente de manera similar a la manera en que las Guerras del Opio derrotaron la población china durante el siglo XIX.
 
Ya es hora de que los humanos aprendan una o dos lecciones de ética. La “psicología” manipuladora desarrollada por los nazis en las décadas de 1920 a 1940 con el objetivo de dominar las mentes de los ciudadanos fue adoptada hasta cierto punto por el Occidente democrático, después de la segunda guerra mundial - según el escritor inglés George Orwell denunció correctamente.
 
La manipulación mental de naciones enteras ya había sido denunciada y prevista por Helena Blavatsky en el siglo XIX. Helena también aclaró que el fenómeno no podría durar mucho tiempo y sería desmontado en el momento oportuno.
 
La Victoria de la Luz y de la Ética
 
Las almas humanas buscan lo que es moralmente bueno, éticamente bello, y verdadero. El tiempo nunca pasa en vano. Una tras otra, las burbujas de ilusión colectiva - en el plano comercial, religioso y político - dejan en el momento correcto de resistir al impacto de los hechos objetivos.
 
La historia no evoluciona de acuerdo con fantasías, ni con propaganda. Ella obedece estrictamente a la ley de la naturaleza, que es la ley del equilibrio y de la justicia, o karma. 
 
Existe en el alma humana una reserva moral de sentido común y buena voluntad. Ella invita a los ciudadanos a romper el hábito de soñar despierto - que resulta del uso de drogas, del egoísmo y de la propaganda - y a despertar a la conciencia y la acción auto-responsables.
 
La teosofía afirma que el nacimiento de una civilización basada en la ética y la solidaridad es inevitable. La filosofía esotérica plantea también que no hay motivo para postergar ese hecho. La nueva civilización será un renacimiento de otras más antiguas. El cambio debe ocurrir primariamente en la vida y el alma de cada uno. La buena voluntad es el principio rector básico, y cada ciudadano es el centro del cambio espiritual y civilizatorio.
 
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El artículo “Despertando de las Guerras del Opio” es una traducción de “Despertando das Guerras do Ópio”, texto que está disponible en nuestros sitios web asociados. La traducción al español es del teósofo Juan Pedro Bercial, quien llevó en cuenta la versión en inglés del artículo, “Awakening from the Opium Wars”.  Juan Pedro es asociado de la Logia Independiente de Teósofos, LIT.
 
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Vea en nuestros sitios web asociados los artículos Meditación Sobre el Despertar de la Humanidad”, “Plutón: Dos Mil Años de Lucha” y “Preparando el Punto Omega”.
 
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El grupo SerAtento ofrece un estudio regular de la teosofía clásica e intercultural enseñada por Helena Blavatsky (foto). 
 
 
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